Apedrear al niño rebelde – Parashat Ki Tetze כי תצא

Apedrear al niño rebelde – Parashat Ki Tetze כי תצא

Los niños siempre serán niños. Es verdad. Pero no tienen que ser niños malos. “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo.” (Efesios 6: 1), dice el Apóstol Pablo. En la Biblia, obedecer a los padres es una gran cosa. Tanto es así que un hijo rebelde y desobediente debía ser apedreado hasta la muerte.

Si un hombre tiene un hijo terco y rebelde que no obedece a su padre ni a su madre, y cuando lo castigan, ni aun así les hace caso … (Deuteronomio 21:18)

¿Acaso los antiguos israelitas apedrearon realmente a sus hijos rebeldes hasta la muerte? Los rabinos impusieron estrictas condiciones y limitaciones al alcance y aplicación de esta ley. El Talmud afirma: “Nunca ha existido un caso de un ‘hijo obstinado y rebelde’ llevado a juicio y nunca lo habrá” (b.Sanhedrin 71a).

Sin embargo, la ley es una advertencia justa para todos los padres. Algunos padres miran hacia otro lado cuando sus hijos desobedecen y se portan mal. La Torá quiere que nos demos cuenta de que la paternidad permisiva no es una opción para el pueblo de Di-s. Muchos padres toleran hoy la desobediencia y consideran la rebelión adolescente como una parte ordinaria del crecimiento. Puede ser ordinario, pero eso no lo hace permisible. El Didaje dice: “No quitaréis vuestra mano de vuestro hijo o de vuestra hija, sino que desde la juventud les enseñaréis el temor de Di-s” (Didáje 4: 9).

El libro de Proverbios dice que un hombre que no disciplina a su hijo odia a su hijo, pero el hombre que ama a su hijo lo disciplina diligentemente. La disciplina enseña a un niño la sabiduría, “pero el niño consentido avergüenza a su madre” (Proverbios 29:15 LBLA). Otro proverbio afirma que disciplinar a un niño no lo matará, pero advierte que retener la disciplina podría tanto matarlo al condenar su alma al infierno:

No escatimes la disciplina del niño; aunque lo castigues[a] con vara, no morirá. Lo castigarás[b] con vara, y librarás su alma del Seol (Proverbios 23:13-14)

Los padres son responsables de educar a sus hijos de manera piadosa. Si no lo hacemos, nuestros hijos inevitablemente pagarán las consecuencias, ya sea en este mundo o en el mundo venidero.

El mandamiento de apedrear a un adolescente rebelde parece irrazonablemente áspero, pero la historia de los hijos de David ilustra que un padre que no disciplina a un niño está tomando realmente la vida del niño.

El rey David no cumplió con la responsabilidad de entrenar a sus hijos. David amaba a sus hijos demasiado para disciplinarlos apropiadamente mientras crecían, o así parece. Los Proverbios dicen, “El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Proverbios 13:24). Como resultado de la paternidad permisiva, varios de los hijos de David se encontraron con trágicos y terribles finales.

Su hijo Amnón violó a su hermanastra Tamar. David no hizo nada al respecto. El hijo de David, Absalón (el hermano de Tamar), asesinó a Amnón como venganza por la violación. David no trató adecuadamente la acción de vigilancia de Absalón. Simplemente lo exilió temporalmente. Absalón dirigió una rebelión contra David y fue finalmente atrapado por los hombres de David. Adonías, hijo de David, intentó usurpar el trono. Salomón lo hizo aplastar con la espada por su rebelión.

La Biblia dice que David nunca contrarió a sus hijos en algún momento. Nunca les preguntó: “¿Por qué lo has hecho?” (1 Reyes 1:6). En otras palabras, nunca los hizo responsables de su comportamiento. Si David hubiese disciplinado a sus hijos cuando eran jóvenes, reprendiendo la mala conducta y castigando la desobediencia, podría haber salvado sus vidas.

Ki Tetze (כי תצא | Cuando salgas)
Torá: Deuteronomio 21:10 – 25: 19
Haftará: Isaías 54:1-10
Besorot: Lucas 23:1-25

Fuente original FFOZ

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